miércoles, 8 de enero de 2014

DIY: Decora tus tarros de mermeladas y conservas

A lo largo de todo el año, podemos ir conservando en tarros de cristal diversos tipos de alimentos, como mermeladas, compotas, salsas, potajes y unos cuando frutos en almíbar. 

En mi casa y cada mes de septiembre, aunque en realidad comenzando a últimos de agosto, recogemos moras. Bastantes moras. Muchas moras, a decir verdad. Con semejante stock es prácticamente inmediato el hacer con ello mermelada, que nos dura todo el año. A mi siempre me gusta regalar algún tarro y, en vez de entregar el bote de cristal aburrido de siempre, lo que hice la última vez fue decorarlos un poco, para que no sólo sea bueno el sabor de su contenido, sino también el aspecto de su continente. 

Siempre me han gustado los tarros de conservas con la tapa cubierta por un trapito de tela a cuadros, me parece que transmiten esa imagen de "hecho en casa" que hay en mi cabeza. Yo no tenía telas como las que comento pero me dije que bien valía la pena hacer mi propia versión de este estilo. 

Los materiales que he usado los podemos tener todos por ahí rondando, fijo, y no son más que bolsas de papel, sí, de esas que nos dan en cualquier tienda; y lana/hilo/cuerda o cualquiera similar.

Los pasos son bien fáciles: recortar trozos del papel de bolsa lo suficientemente grandes como para que cubran las tapas de los tarros y ceñirlos a ellas ayudándonos del hilo o cuerda que queramos emplear. 


Como yo iba a regalar unos cuantos, y aprovechando un sello que me había comprado hacía tiempo, le colgé por el trozo de cuerda un detalle para sacar alguna sonrisa.


El resultado es el que aparece en la siguiente imagen:



¡Bueno, bonito y barato!

martes, 5 de noviembre de 2013

¿Sabes qué? Hoy es un buen día para sonreír


Te despiertas por la mañana, sobresaltado por la chirriosa melodía del despertador del móvil. Sí, te gustaría poder comenzar cada día como esos tipos de los anuncios: con la luz del sol a mediodía llenando cada centímetro de tu habitación y desayunando tranquilamente junto a un zumo recién exprimido que ya estaba esperándote sobre la mesa cuando entras en la cocina. Pero nada, que hoy tampoco se han acordado de quitar el telón de la noche y el duende del desayuno se ha vuelto a olvidar de ti. Desayunas dos galletas y un café, por llamar a esa agua mal teñida de alguna manera. Lo de siempre.

Después miras el correo, porque sí, de vez en cuando disfrutas cometiendo locuras,estás hecho todo un soñador, y entonces ves que alguien te ha enviado esto: http://goo.gl/ocHkl8

Y oye, de repente ya no estás tan enfadado con el despertador ni te importa tanto que aún no estén puestas las calles ni le guardas rencor al duendecillo, al fin y al cabo ¡el pobre hombre tiene muchos desayunos que preparar cada día!. Así qué sonríes, porque al mal tiempo buena cara y a todo aquel que te trate de convencer de lo contrario...¡sonríele!

Como ya sabréis a estas alturas, estoy participando en un concurso de microrrelatos postales. Lo hago por los mismos motivos por los que me he presentado a todos los concursos de escritura en los que he participado: porque me entran las ganas locas, porque me compensa a nivel personal como pocas cosas han conseguido y sobretodo, sobretodo, sobretodo...porque me hace sentir bien. Esta vez, como se publican para todos los públicos las candidaturas y puesto que cuenta no sólo la votación de un jurado particular sino la del público general, comparto de nuevo desde aquí mi microrrelato.

Tanto si te ha gustado como si no, ¡te agradezco de veras el tiempo que has dedicado a leer estas líneas!.

domingo, 29 de septiembre de 2013

DIY: fabrica tu propia pulsera Shamballa

No hace mucho volvieron a ponerse de moda las pulseras Shamballa. Un día de compras con una amiga dimos con una tienda de abalorios; yo había visto unos días antes tutoriales de cómo hacer pulseras Shamballas y ni qué decir tiene que, al encontrar esta tienda, vi la oportunidad para comprar un poco de cuerda y unas bonitas bolas de strass. Fue difícil de elegir, pero al final opté por la típica cuerda de nylon negra y unas bolas doradas. 

En este vídeo explican muy bien todo el proceso de creación de la pulsera; los nudos son muy sencillos y la herramienta más rebuscada que necesitaremos es un mechero, con eso creo que lo digo todo. 

Como no tenía a mano pinzas para sujetar el hilo central ni una tabla, como los que usan en el tutorial, yo utilicé un par de clips y un trozo de cartón. 

Hilo sobre cartón sujeto con clips

Ya digo que es muy sencillo y siguiendo los pasos del vídeo se puede hacer sin problemas. Al final mi pulsera Shamballa ha quedado bastante bien. Un complemento sencillo y elegante que podemos lucir con orgullo.

Pulsera Shamballa finalizada

¿Te gusta? Pues...¡DIY!

lunes, 23 de septiembre de 2013

DIY: Convierte tus viejas lámparas en nuevas

Normalmente no nos paramos mucho a fijarnos en los objetos o muebles que hay a nuestro alrededor en casa, pero de repente un día te fijas en algo y empiezas a darle vueltas a cosas como el espacio que ocupa, si está en consonancia con el resto de la habitación, si el estilo ya no nos gusta... Pues bien, eso me pasó a mi con las lámparas de mi habitación, en concreto después de haber pintado las paredes y cambiar la funda nórdica de la cama.

La funda nórdica tiene un estampado de cachemir en tonos rojos y blancos mientras que las lámparas, tanto las de las dos mesillas como la de techo, tienen las tulipas azules y la estructura es una mezcla del mismo color con dorado. Así que, ya que nada perdía, me planteé pintarlas de blanco.

Tras varias búsquedas por internet y gente que hubiese hecho cosas parecidas, llegué a la conclusión de que lo mejor para pintar las de las mesitas sería utilizar pintura en spray y para la de techo pintura laca (normal y corriente, de la que se usa para todo tipo de superficies). Los motivos de utilizar dos tipos de pintura diferentes parecen obvios: puedo pintar las primeras al aire libre o en el garaje y por comodidad no contemplo descolgar la segunda. Aunque bueno, lo de comodidad es relativo, puedo asegurar que pintarla desde una escalera no es tan cómodo.

El antes y el después de las primeras es el siguiente:










Lámparas de mesa antes y después de pintar

Para la de techo, además de la pintura me hice con un mini-rodillo, que me va a ser muy útil para otras tareas que tengo en mente; y recomiendo que sea sintético, por eso de que absorbe mejor la pintura y el acabado es más limpio:

Lámpara de techo antes y después de pintar

¡Y listo!, lámparas nuevas con coste mínimo. Ahora, a seguir buscando y probando soluciones para tener unas tulipas nuevas con un poco más de gracia.

lunes, 5 de agosto de 2013

DIY: Cómo decorar una pared con gotelé con un vinilo

Hace unos meses una amiga me dio una sorpresa estupenda al regalarme un vinilo decorativo. Como hacía tiempo que ya lo venía pensando, ese fue el detonante para lanzarme a cambiar la decoración de mi habitación. 

Después de pintar las paredes me planteé el primer problema con el vinilo: no podía pegarlo sobre la pared con gotelé así que, ¿qué hacer? Tras pensar en alternativas y charlar un poco llegué a la solución: pegarlo sobre una plancha de polietileno transparente. Dicho y hecho, me acerqué hasta una cristalería de mi barrio con las medidas del vinilo y tras cinco minutos salía con mi plancha, ligera pero resistente.

No fue muy fácil pegar el dibujo debido a sus formas y su tamaño (maldije no tener más que dos manos) pero mereció la pena y al final quedó bastante bien:

Vinilo sobre plancha de polietileno

Después de tener el vinilo listo sobre el polietileno, la siguiente pregunta que se nos viene a la cabeza a todos parece evidente: ¿cómo lo cuelgo de la pared?

Pared con gotelé

La solución también es sencilla: masilla adhesiva, que se puede encontrar en cualquier "cadena a cien" (da igual que ahora sean "a euro", para mi siempre serán "cadena a cien"). 

Masilla adhesiva

La forma de usarla es simple, vamos cogiendo trozos de masilla, la amasamos ligeramente y la vamos colocando de forma uniforme sobre el reverso de la plancha de polietileno donde tenemos pegado el vinilo.

Masilla adhesiva sobre polietileno

Ya sólo queda colocarlo donde queramos sobre nuestra pared, presionar un poco para que agarre y voilá. 

Vinilo sobre polietileno "colgado" de la pared con masilla adhesiva

Aunque no lo creáis la masilla es muy resistente y como el polietileno es muy ligero queda perfectamente colocado sobre nuestra pared con gotelé. Bueno, bonito y barato, ¡DIY!

martes, 11 de junio de 2013

Susurros entre hojas secas suenan en el silencio...


Susurros entre hojas secas suenan en el silencio, 
sigiloso se viste de sonrisas y de risas en mis sueños,
se escuchan al unísono todas sus voces.

Si no te fijas no puedes distinguir su silueta,
sus límites invisibles se escapan ante los secuestradores,
ingenuos seres estériles, ávidos de su sutileza y suavidad.

Serpentea y sigue soplando por todos los costados,
siempre sereno,  no siempre constante,
hasta que se cansa de tanto siseo y afina su tosco silbido.

Quién es, cuáles son sus tormentos, me pregunto, de dónde viene, a dónde va,
se difumina el temple y crecen los monstruos con su incertidumbre,
entonces se calla, enmudece para siempre y se va  con sus miedos dejando sólo luz y paz.

sábado, 20 de abril de 2013

El elemento: descubrir tu pasión lo cambia todo, de Sir Ken Robinson

Estaba echando un vistazo a los libros que me gustaría comprar, como todos los años por estas fechas, en motivo de la celebración del día del libro. He leído varias críticas que me gustan de un libro publicado en 2009 de Sir Ken Robinson, el título traducido es "El elemento: descubrir tu pasión lo cambia todo".

A raíz de esta búsqueda, me entró la curiosidad de saber cuál era realmente la propuesta de este hombre: fue muy fácil encontrar vídeos sobre sus charlas.

Charla de Sir Ken Robinson en TED, Febrero 2010

En mi opinión, a este hombre no le falta razón; apuesta por una reestructuración completa, de arriba a abajo, de los modelos de educación basados en la industrialización: que tratan a los niños como materia prima que hay que transformar, enterrando sus talentos y capacidades en vez de fomentarlos, para sacar finalmente de fábrica un producto moldeado y estándar, sin importar la repercusión, que a nivel personal, pueda ocasionar en la vida adulta de esos niños que no lograron salvaguardar sus talentos.

En otro de los vídeos, Ken describe los motivos por los que apuesta por un cambio en el sistema educativo de los países: desde el origen del sistema actual pasando por la evolución de la sociedad y el crecimiento con ella de los casos de niños hiperactivos y el tratamiento que se les aplica. Ken está convencido de que este hecho no es casual y cita como propuesta el sistema educativo KIPP, que se ha implantado en EEUU para comunidades con escasos recursos, en el que no sólo se persigue una educación académica de los alumnos, sino también de sus propias vidas, generando en ellos expectativas individuales que contribuyen a generar un colectivo que coopera y que celebra en conjunto los logros de cada uno.

¿Utopía? No. Pasión, trabajo y esfuerzo.

lunes, 18 de marzo de 2013

Como al alba posa el rocío...

Hace mucho que no escribo así que, para romper un poco el hielo, dejo aquí una décima.

Como al alba posa el rocío,
delicada, aguda y fresca,
es cada nota oída nunca, 
meciendo inmenso el vacío,
observo, está lleno el río,
las nostalgias aletean,
el presente anhelan, sueñan,
se diluyen en la niebla,
fría amargura la puebla,
yo huyo, ellas aún sisean...




lunes, 7 de enero de 2013

El identikit

Estas últimas semanas me he descolgado un poco bastante de la lectura de los fascículos que estoy siguiendo. No lo he abandonado, evidentemente, tan sólo me he tomado un descanso, cosa que es recomendable hacer cuando queramos y durante todo el tiempo que necesitemos; eso no significa que tiremos la toalla, claro, siempre y cuando lo sigamos teniendo en mente.

Cuando de pequeña leía un libro había cosas que ni me planteaba y que, con el tiempo, he ido haciéndolo. Por ejemplo, la típica saga de libros de tinte policíaco en los que el protagonista principal siempre es el mismo - detective- cuya finalidad es resolver un caso de asesinato en el que, en cada libro de la colección, varía de escenario y personajes principales y secundarios.

En este tipo de historias, como en todas, no sólo seguimos con el detective y/o el resto de personajes los acontecimientos que van desvelando el misterio inicial sino que se entremezclan partes personales de los protagonistas. Esto, como lectores, nos engancha, nos acerca a los personajes y nos sitúa definitivamente como observador dentro de la historia. Pero ¿como escritor?, ¿cómo conseguimos que quien lea nuestra historia se sienta cerca de los personajes?

Para ello necesitaremos darle una identidad a nuestros personajes, en especial a nuestros protagonistas, y nos será de utilidad usar la herramienta llamada identikit. Este recurso está compuesto por datos que construiremos a través de una biografía del protagonista, una descripción de sus características psicológicas (deseos/temores), un nombre que sea adecuado, cómo son sus rasgos externos y particulares, por qué escenarios circula y cómo habla.

Una vez tengamos todos estos datos nos será más fácil desarrollar las acciones y reacciones de nuestros personajes, que serán así coherentes durante toda la historia y conseguiremos por tanto que el lector se implique y permanezca por la credibilidad que percibe.

¡Nadie dijo que fuera fácil escribir una buena historia!


miércoles, 12 de diciembre de 2012

Somepeople y su Romantic Colors

La semana pasada estuve en la presentación del nuevo disco de Somepeople, que han llamado Romantic Colors. Había escuchado su disco una vez, antes de asistir al evento de presentación, por eso de haber oído algo de ellos antes de verlos en directo. El disco me gustó, pero el directo mucho más. Y como hacía tanto tiempo que no me calaba un directo como el que ofrecieron ellos, he escrito unas palabras rememorando  la canción que da nombre al disco.

Somepeople band


La noche se hace sobre el escenario. 
Enmudecen las voces, se agudizan los oídos.
Susurra las palabras, acunadas entre cuerdas sordas, que llegan en forma de nostalgia, melancolía, ilusorio pasado desencajado del presente.
Se abren los ojos, se agitan los corazones.
Enciende  las últimas cenizas. 
Las suyas. Las tuyas. Las mías. 
Fuego irrefrenable que brota desde las entrañas, cicatrices enrojecidas, se cuela el aire en las gargantas y sale transformado en compañía. 
Alivio suyo. Alivio tuyo. Alivio mio. 
Sonrisas...y enmudecen las voces, suspiros que apagan las débiles llamas y desaparecen entre aplausos. Entusiasmo y aplausos.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Diamantes en bruto

Creo que todo el mundo tiene un talento especial para algo. 

Las veces que he sacado este tema de conversación, el del diamante en bruto que somos cada uno de nosotros, pocas veces, por no decir ninguna, alguien está de acuerdo con mi afirmación. Soy de esas personas; llámense chifladas, ingenuas, románticas o "x", de las que se resignan a pensar que el ser humano no tiene más finalidad ni más propósito que la del ciclo de la vida: nacer, crecer, reproducirse y morir. 

La segunda acepción de la RAE, si buscamos la palabra "talento", es la de sinónimo de aptitud:  capacidad para el desempeño o ejercicio de una ocupación. Yo añadiría a esta definición " y que constituye para un individuo, de agrado a él, su seña de identidad" ¿o acaso cuando pensamos en una persona que conocemos, en mayor o menos profundidad, no somos capaces de recordar nada que le caracterice? Algunos amigos nos parecen extraordinariamente positivos, otros nos confortan con su empatía y cuando se rompe la aspiradora siempre recurrimos a nuestro tío "el manitas". 

El problema de no sentirnos diamantes puede ser, tal vez, que no somos capaces de ver que sí lo somos. A pesar de nuestra rutina frenética, ser capaz de encontrar tiempo para disfrutar con nosotros mismos es vital. En mi opinión, sólo así podemos desarrollar nuestro talento; porque todo talento es constructivo y para construir algo una de las cosas que hacen falta, además de las ganas, es el tiempo. 

Si somos conscientes de ello, si nos convertimos en nuestro admirador número uno, podremos pulir nuestro diamante; hacerlo crecer y darle alas, permitir que se reproduzca para que, tanto para nosotros como para los que están a nuestro alrededor, no sólo sepamos quiénes somos sino también lo mostremos y lo compartamos sin miedo.

De este modo, con nuestro último aliento, pienso yo, podremos dejar que se nuble nuestra vista para siempre: sabiendo que lo mejor no fue tener la oportunidad de conocernos, sino el valor de haberlo hecho y el valor que encontramos en ello. 

domingo, 18 de noviembre de 2012

Galletas

Por lo que he podido leer en internet acerca de la historia de las galletas, el origen de éstas se remonta al siglo VII A.C y se centra en Persia, que encabezaba el cultivo de azúcar. Buscando por el significado de galleta en la RAE, la primera definición dice que proviene del francés y, entre sus muchas acepciones, podemos ver que varias de ellas son referidas al dulce: pasta de harina, azúcar y otros ingredientes que se cuece en el horno.

De entre todas las galletas quizás la más conocida, al menos en España, sean las galletas María que reciben su nombre en honor a la duquesa María de Rusia, que contrajo matrimonio con el duque de Edimburgo en el siglo XIX.

Hoy en día tenemos a nuestro alcance una amplia variedad de galletas que podemos encontrar en cualquier supermercado y, para los que somos un poco curiosos, navegando por la red; en este caso es porque ¡nos interesa de ellas algo más que comerlas!

Ayer, viendo que en casa teníamos bastantes provisiones de naranjas, me dije que tal vez podía aprovechar y utilizarlas para hacer alguna receta un poco más elaborada que el simple hecho de pelarlas y comerlas...así que busqué recetas de galletas que tuvieran la naranja como alguno de sus ingredientes y me decanté por hacer dos tipos de galletas: galletas de avena, naranja y chocolate, y galletas holandesas de naranja. Bueno, las he hecho con ligeras modificaciones, a las primeras no les añadí las pepitas de chocolate y no he usado azúcar integral; en las segundas, la mantequilla la sustituí por margarina. Foto de rigor.

galletas de avena y naranja y holandesas
Galletas de avena y naranja y galletas holandesas

Sobra decir que están...¡de vicio!

domingo, 11 de noviembre de 2012

Practicando con un monólogo

Hace años leí Eclipse Total, de Stephen King. En el enlace al libro podéis ver el argumento de la historia así que no voy a repetirlo aquí. Siguiendo con la lectura de los fascículos que estoy cogiendo he visto los distintos tipos de voces orales y escritas que pueden utilizarse. Entre las orales encontramos los diálogos y los soliloquios, entre las escritas, los diarios y las memorias. 

El soliloquio es un diálogo del personaje que habla consigo mismo, sin nadie que pueda responderlo y, aunque Eclipse Total no sea un soliloquio sino un monólogo, como me gustó cómo estaba escrito el libro y por el parecido que le encuentro con los soliloquios, me he animado a hacer mi propio monólogo en voz de un personaje protagonista ante una típica escena de despedida. Algo muy breve para no excederme.


Te preguntarás por qué te he traído aquí ¿no? ¿tienes frío?, toma, ponte mi chaqueta. Sí que hace un poco de “risqui”, sí, brrrrrrr, ¡no! Quédate la chaqueta, te morirías de frío si estuvieses aquí escuchándome sólo con ese vestidito que te has puesto hoy. Vale, por dónde iba…¡ah, sí! Por qué estamos ahora aquí, bajo este cielo raso de primavera cubierto de estrellas. ¡Mira, esa es la osa mayor! ¿la ves? No, sé lo que estás pensando, no soy ningún entendido en astronomía pero de pequeño solía ir hasta la playa con mi abuelo, él sí que sabía...fue un gran tipo, en serio, te caería bien. 

Vaya, qué suerte… pongámonos debajo de la cornisa. Mejor, ¿no? Si no deja de llover diremos que ha sido una ¡agua-fiesta! Agua-fiesta, ¿lo pillas no? Vale sí, ha sido un chiste malo… ya sé que soy un poco “memo”, como tú dices. Ya, ya sé que es broma…Empiezo a aburrirte. No hace falta que lo niegues, terminaré rápido. 

Te estaba diciendo qué hacemos aquí congelándonos. No es fácil decirlo, creo que todavía no lo tengo asumido ni yo, ¿sabes? Estoy un poco nervioso. Y asustado. No disimulo muy bien moviéndome todo el rato de derecha a izquierda ¿eh? Intentaré recordar la próxima vez que debo estarme quieto. 

Cuando termine el curso me iré fuera, a Noruega. No te lo esperabas, ya lo sé. Ha sido todo tan de repente… eh, venga no estés triste. Ven, anda, que no. No pasa nada si “por un casual“ me ensuciaras la camisa de rimmel, no te preocupes. Esto es una despedida sí. Eh...pero que volveremos a vernos, no ves que Noruega está a...a… “ná” ¡aquí al lado! ¿Ves?, cuando te ríes estás más guapa. Cómo eres, ¿eh? Encima que te hago reír me dices que soy un payaso, ay… yo también te echaré de menos. 

¿Ya estás mejor? Así me gusta, esta es mi chica. Claro, te escribiré de vez en cuando. Yo también te deseo mucha suerte, bueno pues… ah, vale sí, la chaqueta, claro…mi madre se pondría echa una furia si la dijera que no la tengo… ya nos veremos, ¿vale? Algún día, prometido. 

martes, 30 de octubre de 2012

Un soneto

Estaba antes viendo las últimas noticias de las páginas que sigo en Facebook y vi que los últimos estados que había compartido la Biblioteca Central de Cantabria eran varios sonetos de Miguel Hernández. Me parecieron tan bonitas que rápidamente me animé a escribir yo otro soneto. Quizá no llegue a la altura de los de Hernández pero creo que al final he conseguido una buena historia y una buena estructura.

Nunca le he puesto nombre a las pocas poesías que he escrito pero esta vez, a ver si me sirve de precedente, le daré un título.

Sueño

A mi lado camina silencioso,
silencio que sus ojos iluminan,
luces que en deseo y ansia culminan,
cúspide donde habita el tiempo ocioso.

Me paro, le pregunto, está nervioso,
tiemblo, los sentimientos me fulminan,
deciden los sueños que no terminan,
mi mano acerco hacia el cielo precioso.

Qué alegría, qué paz, qué placentero
pasear tus cabellos por mis dedos,
flotar, olvidar el espacio nuestro.

Dejo atrás lo eterno y el hecho mero
de ello me hace volver a tus enredos,
excusas que domina todo maestro.

domingo, 28 de octubre de 2012

Una historia, distintos puntos de vista externos


El otro día hablé un poco sobre los narradores internos, pues bien, hoy lo haré sobre los externos. Éstos, a diferencia de los internos, se caracterizan porque utilizan la tercera persona para contar la historia.

El tipo de narrador externo más conocido por todos es el omnisciente, quien actúa a modo de dios puesto que conoce toda la vida de todos los personajes, incluyendo su pasado y su futuro. El narrador cámara, por su parte, se limita a contar lo que sucede en la escena que describe, sin acceder a los pensamientos o sentimientos de los personajes y pudiendo dar únicamente datos ambientales que ayuden a dibujar su narración. En último lugar, también existe la figura del narrador cuasi omnisciente que, como el omnisciente, tiene acceso al mundo interior y exterior pero sólo del personaje protagonista, por tanto esta variante de narrador externo utiliza, al contrario que los otros dos, un punto de vista interno: el de la persona que sigue en todo momento.

Comparando las narraciones desde el punto de vista interno del protagonista y de un testigo, podríamos decir que el narrador cuasi omnisciente es al narrador protagonista y que el narrador cámara es al narrador testigo. Creo que ya no hace falta explicar qué dos tipos de narradores voy a utilizar para estas versiones de la historia vista desde fuera, ¿no?


  • Narrador cuasi omnisciente (punto de vista interno)
    Amanda está sentada en la segunda fila del aula en grada. Ha decidido estar lejos del resto de sus compañeros, quiere de verdad aprovechar las horas de clase y así, de una vez por todas, aprobar el próximo Junio la asignatura, que cursa ya por segunda vez. El profesor escribe en la pizarra mientras detalla cada nueva fórmula que aparece en ella. Es demasiado, le aburre sobremanera el incesante monólogo y hace rato que su mente está fuera de aquellas cuatro paredes. Mientras sigue con la mirada cada movimiento del profesor en la tarima, Amanda lucha consigo misma y se debate entre salir corriendo de allí y disfrutar de la mañana primaveral que vive a escasos veinte metros de ella o quedarse sentada durante la hora y media que le resta, concentrarse en las palabras que oye y tomar notas en los folios que tiene, todavía vacíos.

  • Narrador cámara 
    El aula, con los pupitres dispuestos en forma de grada, está medio vacía. El profesor, de pelo canoso y alborotado, camina sobre una tarima en un continuo vaivén y escribe a lo largo de las dos grandes pizarras que cuelgan de la pared. Al fondo de la clase, varios  alumnos susurran entre sí. Uno de ellos, en la cuarta fila, no participa en la conversación que tienen los chicos sentados a su alrededor. Aprieta los labios y entre sus cejas se dibujan unas arrugas tensas, mientras permanece con los ojos clavados en Amanda, que se sienta en la segunda fila. El muchacho que se sienta a su derecha le da un codazo y, cuando le mira, tira una pequeña bola de papel cuadriculado a la cabeza de una chica rubia que está sentada delante de él. Mientras, Amanda sigue con la mirada al profesor aunque también mira hacia la ventana, donde se puede ver que las ramas de los árboles fuera se empiezan a poblar por la primavera. La joven juega nerviosamente con un bolígrafo en la mano, se revuelve en su silla, suspira y, con la cabeza reposada sobre la otra mano, mira de nuevo al profesor.


martes, 23 de octubre de 2012

Una historia, distintos puntos de vista internos

He decidido poner en práctica la narración de una misma escena realizada por dos tipos de narradores internos: uno protagonista y otro testigo. También hay narradores externos, pero de eso hablaré en otra ocasión, hoy me apetece más centrarme en los internos.

Las narraciones internas se caracterizan por la forma de expresarse y los conocimientos, pasados y presentes, de los personajes, quienes cuentan en primera persona una historia. El primer fragmento que escribo a continuación está relatado en boca del personaje protagonista, mientras que el segundo llega a través de un testigo y, por tanto, nos transmite la información que conoce sobre la otra persona, bien porque está presente cuando sucede la acción o bien porque recibe los datos de otras fuentes: personas, emails,.. 


  • Punto de vista del protagonista
    La verdad es que no me apetece nada estar aquí, esta clase es soporífera. Si por mi fuera recogería ahora mismo, me levantaría y me largaría a la cafetería, o mejor, a la calle. Hace tan bueno... ¡y yo aquí!. Maldita sea, ¡pues no!, tengo que aguantarme, hacer el esfuerzo de intentar entender algo de lo que dice el profesor, si quiero aprobar esta vez, y quedarme con el culo pegado a esta silla de pichiglás, que más bien parece diseñada para torturar, como si no fuera suficiente condena ya aguantar a este tío hablar de electromagnetismo durante dos horas seguidas.


  • Punto de vista del testigo
    Hay un constante murmullo, la gente no presta atención a las explicaciones de campo eléctrico que está dando el profesor, a quien no parece importarle que su voz sea casi inaudible a causa del resto. Amanda hoy se ha sentado sola, dos filas más abajo en la grada de donde estoy yo. Su estuche está abierto y al lado hay unos folios en blanco perfectamente apilados. Con la mano derecha sujeta un bolígrafo azul, que tiene el capuchón puesto, y juega a deslizarlo entre sus dedos. El codo del brazo izquierdo, apoyado en la mesa, forma un ángulo recto con el resto de su cuerpo y sobre la palma de la mano reposa su barbilla. Ayer en la cafetería le escuché prometer a Jacobo que este curso iba a aprobar definitivamente la asignatura. Con el ceño fruncido y revolviéndose en la silla sigue con la mirada al profesor, pero no da la impresión de hacer más que eso. 


lunes, 15 de octubre de 2012

Un poco de intriga

Existen muchos tipos de historias pero todas comparten los mismos elementos, la diferencia entre unas y otras radica, para mí, en la cantidad de estos recursos que se utilicen en unas y en otras. Por ejemplo, somos capaces de etiquetar, sin (casi) pararnos a pensar, una novela como policíaca o como fantástica.

Uno de esos elementos comunes es la intriga, el suspense, esa sensación de incertidumbre ante las líneas que leemos y las que no leemos pero que llegamos a entrever. De todas las historias y textos que he escrito creo que esta es una de las características que más flaquean, así que me he propuesto conseguir escribir algo con intriga. Creo que este podría ser un buen comienzo:
Calma. Eso fue lo que sentí cuando entré por primera vez, hace casi veinte años, en aquella casa. La fachada, con un escudo labrado en piedra en la parte frontal, justo a la derecha de la gran puerta de roble, estaba construida con  bloques de piedra, perfectamente alineados y de un color parduzco. Las ventanas, oscuras como la puerta, se repartían simétricamente en las tres alturas del edificio, equilibrando la entrada, que conducía al interior. El hall, tirando a pequeño, se vestía con una mesa recibidor de mármol blanco con el pie de forja dorado, un paragüero del mismo metal y un espejo vertical al lado de éste, y franqueaba el paso hacia las demás estancias a extraños y vecinos curiosos, que se acercaban hasta allí con pretextos dispares, deseosos de pasar más allá y ser confidentes de los secretos que allí dormían y que tantas veces, desde pequeños, habían escuchado al calor de las noches invernales.

viernes, 5 de octubre de 2012

Música como fuente de inspiración

Los sonidos de los instrumentos, muchas veces situados en un segundo plano, de las canciones son fundamentales en el éxito de las mismas. ¿Quién no ha identificado varias veces una canción escuchando sólo unos pocos segundos de música? Qué sería de las baladas sin piano, del rock sin guitarras, de las canciones tradicionales sin sus panderetas y gaitas... 

Asociamos todas esas creaciones a recuerdos, estados de ánimo y momentos de nuestros días porque nos identificamos con ellas, nos dejamos atravesar por sus notas. Los artistas construyen historias, en forma de letras que riman, arrastrados por las composiciones instrumentales que surgen en sus días de ensayo. Así siempre logran que todo conviva en armonía, no hay película que disienta de su banda sonora.

A partir de una de esas innumerables melodías he creado una nueva décima. Con ella recreo una de las escenas que siempre me vienen a la cabeza cuando escucho ritmos de tambores.

Suena el ritmo acompasado,
que varios tambores cuentan,
bailes que el alma alimentan,
de luz todo es decorado,
un joven enamorado,
sonríe alzando los brazos, 
dibuja con ellos trazos,
fugaces rayos de un faro,
la euforia crece a su amparo,
y estrechan todos sus lazos.


lunes, 1 de octubre de 2012

Escribir

Hace unos años, tal día como hoy, comencé a escribir. Escribía casi a diario, al principio a trompicones, con muchas cosas en la cabeza y pocas en el papel, como la impotencia nerviosa que podemos sentir, en un momento dado, de no poder salir corriendo de la sala de espera de un hospital. Después, a medida que las semanas avanzaban, me resultaba cada vez más cómodo y fácil seguir, con mis dedos sobre las teclas, el ritmo que marcaban aquellos pensamientos que se sucedían uno tras otro, como el girar eterno de un tiovivo.

Los motivos del comienzo se fueron trasformando en argumentos que disfrazaban historias, unas inventadas, otras inspiradas, de todos modos, ficticias todas. Día a día me distanciaba más de aquel comienzo, triste pero tierno, y comenzaba a valorar todos aquellos textos. Ya no eran sólo sentimiento puro y duro, se distinguía también en ellos mejora literaria. El grupo de seguidores que había ido surgiendo sin darme cuenta, apasionados escritores a su vez, fueron para mi la prueba de este hecho.

Ese primer año leí más de lo que había leído nunca y empezó a maravillarme la poesía que eran capaces de escribir algunas personas. De algún modo, rompí definitivamente la barrera imaginaria que yo misma había construido y en la que podía leerse: "imposible". Fue cuestión de minutos tener ante mi un listado de fechas y tipos de concursos a nivel nacional e internacional a los que podría presentarme, y fue cuestión de días pasar a limpio, imprimir y enviar por correo ordinario uno de los últimos relatos que había escrito pensando en el concurso. Aún noto el calor del papel templado entre mis manos.

A esa primera candidatura siguieron otras. Hoy en día algunas de ellas, cuando las vuelvo a leer, no me parecen lo que en su día me parecieron y otras, al contrario, se me antojan tan perfectas como tiempo atrás. Escribir fue algo que siempre supe que debía hacer, que sé que seguiré haciendo y que sé que debo seguir mejorando. Aunque requiera de paciencia y a veces no resulte fácil, de todas las semillas que planté, es una de las que puedo seguir cosechando.

domingo, 13 de mayo de 2012

El tiempo

El tiempo, como los camaleones, tiñe nuestras vidas de diferentes ritmos. A veces pasa rápido, otras lento.

El tiempo es lo que nos une y separa. Nos vuelve a unir. Nos separa para siempre.

A veces hablamos del tiempo "qué tiempo tan bueno hace" o "cuánto tiempo ha pasado desde entonces...". El tiempo tiene infinitos significados. Demasiados.

El tiempo ya está cuando llegamos y permanece tras nuestra marcha. El tiempo se queda siempre, esperando otra escena más, eterno espectador del segundo siguiente, paciente y mudo.

Muchas veces le odiamos. Otras, sin embargo, le queremos.

El tiempo es importante. Creamos refranes, dichos y canciones en su nombre: "al mal tiempo buena cara", "tiempo al tiempo", "hace tiempo que sé que el mundo no es mio".

Nos falta el tiempo y también, como nos sobra, hacemos tiempo.

Buscamos cosas durante mucho tiempo para después perderlas en muy poco tiempo. El tiempo tiene varias escalas de medida. Lo podemos limitar a años o a segundos, a bueno o malo, a importante o irrelevante.

Nos empeñamos en calcular el tiempo, en darle un valor numérico, como si pudiésemos abarcarle con nuestros brazos. Pretendemos convertirnos en sus carceleros y no nos damos cuenta de que es él el que nos tiene atrapados, amarrados con sus cuerdas invisibles.

Le echamos la culpa para esconder nuestra cobardía, le convertimos en la mejor excusa para mentir(nos) porque el tiempo no se puede defender, no habla pero no le hace falta. Pagamos nuestras mentiras con nosotros mismos.

El tiempo nos deja hablar, y hablar y hablar... hasta que nos cansamos y, acercándonos un poco a él, pasamos a escuchar. 

El tiempo nos espera, nos escoge, nos da siempre otra oportunidad. Siempre otra oportunidad.

Otra. Y otra. Y otra...