miércoles, 12 de diciembre de 2012

Somepeople y su Romantic Colors

La semana pasada estuve en la presentación del nuevo disco de Somepeople, que han llamado Romantic Colors. Había escuchado su disco una vez, antes de asistir al evento de presentación, por eso de haber oído algo de ellos antes de verlos en directo. El disco me gustó, pero el directo mucho más. Y como hacía tanto tiempo que no me calaba un directo como el que ofrecieron ellos, he escrito unas palabras rememorando  la canción que da nombre al disco.

Somepeople band


La noche se hace sobre el escenario. 
Enmudecen las voces, se agudizan los oídos.
Susurra las palabras, acunadas entre cuerdas sordas, que llegan en forma de nostalgia, melancolía, ilusorio pasado desencajado del presente.
Se abren los ojos, se agitan los corazones.
Enciende  las últimas cenizas. 
Las suyas. Las tuyas. Las mías. 
Fuego irrefrenable que brota desde las entrañas, cicatrices enrojecidas, se cuela el aire en las gargantas y sale transformado en compañía. 
Alivio suyo. Alivio tuyo. Alivio mio. 
Sonrisas...y enmudecen las voces, suspiros que apagan las débiles llamas y desaparecen entre aplausos. Entusiasmo y aplausos.

jueves, 29 de noviembre de 2012

Diamantes en bruto

Creo que todo el mundo tiene un talento especial para algo. 

Las veces que he sacado este tema de conversación, el del diamante en bruto que somos cada uno de nosotros, pocas veces, por no decir ninguna, alguien está de acuerdo con mi afirmación. Soy de esas personas; llámense chifladas, ingenuas, románticas o "x", de las que se resignan a pensar que el ser humano no tiene más finalidad ni más propósito que la del ciclo de la vida: nacer, crecer, reproducirse y morir. 

La segunda acepción de la RAE, si buscamos la palabra "talento", es la de sinónimo de aptitud:  capacidad para el desempeño o ejercicio de una ocupación. Yo añadiría a esta definición " y que constituye para un individuo, de agrado a él, su seña de identidad" ¿o acaso cuando pensamos en una persona que conocemos, en mayor o menos profundidad, no somos capaces de recordar nada que le caracterice? Algunos amigos nos parecen extraordinariamente positivos, otros nos confortan con su empatía y cuando se rompe la aspiradora siempre recurrimos a nuestro tío "el manitas". 

El problema de no sentirnos diamantes puede ser, tal vez, que no somos capaces de ver que sí lo somos. A pesar de nuestra rutina frenética, ser capaz de encontrar tiempo para disfrutar con nosotros mismos es vital. En mi opinión, sólo así podemos desarrollar nuestro talento; porque todo talento es constructivo y para construir algo una de las cosas que hacen falta, además de las ganas, es el tiempo. 

Si somos conscientes de ello, si nos convertimos en nuestro admirador número uno, podremos pulir nuestro diamante; hacerlo crecer y darle alas, permitir que se reproduzca para que, tanto para nosotros como para los que están a nuestro alrededor, no sólo sepamos quiénes somos sino también lo mostremos y lo compartamos sin miedo.

De este modo, con nuestro último aliento, pienso yo, podremos dejar que se nuble nuestra vista para siempre: sabiendo que lo mejor no fue tener la oportunidad de conocernos, sino el valor de haberlo hecho y el valor que encontramos en ello. 

domingo, 18 de noviembre de 2012

Galletas

Por lo que he podido leer en internet acerca de la historia de las galletas, el origen de éstas se remonta al siglo VII A.C y se centra en Persia, que encabezaba el cultivo de azúcar. Buscando por el significado de galleta en la RAE, la primera definición dice que proviene del francés y, entre sus muchas acepciones, podemos ver que varias de ellas son referidas al dulce: pasta de harina, azúcar y otros ingredientes que se cuece en el horno.

De entre todas las galletas quizás la más conocida, al menos en España, sean las galletas María que reciben su nombre en honor a la duquesa María de Rusia, que contrajo matrimonio con el duque de Edimburgo en el siglo XIX.

Hoy en día tenemos a nuestro alcance una amplia variedad de galletas que podemos encontrar en cualquier supermercado y, para los que somos un poco curiosos, navegando por la red; en este caso es porque ¡nos interesa de ellas algo más que comerlas!

Ayer, viendo que en casa teníamos bastantes provisiones de naranjas, me dije que tal vez podía aprovechar y utilizarlas para hacer alguna receta un poco más elaborada que el simple hecho de pelarlas y comerlas...así que busqué recetas de galletas que tuvieran la naranja como alguno de sus ingredientes y me decanté por hacer dos tipos de galletas: galletas de avena, naranja y chocolate, y galletas holandesas de naranja. Bueno, las he hecho con ligeras modificaciones, a las primeras no les añadí las pepitas de chocolate y no he usado azúcar integral; en las segundas, la mantequilla la sustituí por margarina. Foto de rigor.

galletas de avena y naranja y holandesas
Galletas de avena y naranja y galletas holandesas

Sobra decir que están...¡de vicio!

domingo, 11 de noviembre de 2012

Practicando con un monólogo

Hace años leí Eclipse Total, de Stephen King. En el enlace al libro podéis ver el argumento de la historia así que no voy a repetirlo aquí. Siguiendo con la lectura de los fascículos que estoy cogiendo he visto los distintos tipos de voces orales y escritas que pueden utilizarse. Entre las orales encontramos los diálogos y los soliloquios, entre las escritas, los diarios y las memorias. 

El soliloquio es un diálogo del personaje que habla consigo mismo, sin nadie que pueda responderlo y, aunque Eclipse Total no sea un soliloquio sino un monólogo, como me gustó cómo estaba escrito el libro y por el parecido que le encuentro con los soliloquios, me he animado a hacer mi propio monólogo en voz de un personaje protagonista ante una típica escena de despedida. Algo muy breve para no excederme.


Te preguntarás por qué te he traído aquí ¿no? ¿tienes frío?, toma, ponte mi chaqueta. Sí que hace un poco de “risqui”, sí, brrrrrrr, ¡no! Quédate la chaqueta, te morirías de frío si estuvieses aquí escuchándome sólo con ese vestidito que te has puesto hoy. Vale, por dónde iba…¡ah, sí! Por qué estamos ahora aquí, bajo este cielo raso de primavera cubierto de estrellas. ¡Mira, esa es la osa mayor! ¿la ves? No, sé lo que estás pensando, no soy ningún entendido en astronomía pero de pequeño solía ir hasta la playa con mi abuelo, él sí que sabía...fue un gran tipo, en serio, te caería bien. 

Vaya, qué suerte… pongámonos debajo de la cornisa. Mejor, ¿no? Si no deja de llover diremos que ha sido una ¡agua-fiesta! Agua-fiesta, ¿lo pillas no? Vale sí, ha sido un chiste malo… ya sé que soy un poco “memo”, como tú dices. Ya, ya sé que es broma…Empiezo a aburrirte. No hace falta que lo niegues, terminaré rápido. 

Te estaba diciendo qué hacemos aquí congelándonos. No es fácil decirlo, creo que todavía no lo tengo asumido ni yo, ¿sabes? Estoy un poco nervioso. Y asustado. No disimulo muy bien moviéndome todo el rato de derecha a izquierda ¿eh? Intentaré recordar la próxima vez que debo estarme quieto. 

Cuando termine el curso me iré fuera, a Noruega. No te lo esperabas, ya lo sé. Ha sido todo tan de repente… eh, venga no estés triste. Ven, anda, que no. No pasa nada si “por un casual“ me ensuciaras la camisa de rimmel, no te preocupes. Esto es una despedida sí. Eh...pero que volveremos a vernos, no ves que Noruega está a...a… “ná” ¡aquí al lado! ¿Ves?, cuando te ríes estás más guapa. Cómo eres, ¿eh? Encima que te hago reír me dices que soy un payaso, ay… yo también te echaré de menos. 

¿Ya estás mejor? Así me gusta, esta es mi chica. Claro, te escribiré de vez en cuando. Yo también te deseo mucha suerte, bueno pues… ah, vale sí, la chaqueta, claro…mi madre se pondría echa una furia si la dijera que no la tengo… ya nos veremos, ¿vale? Algún día, prometido. 

martes, 30 de octubre de 2012

Un soneto

Estaba antes viendo las últimas noticias de las páginas que sigo en Facebook y vi que los últimos estados que había compartido la Biblioteca Central de Cantabria eran varios sonetos de Miguel Hernández. Me parecieron tan bonitas que rápidamente me animé a escribir yo otro soneto. Quizá no llegue a la altura de los de Hernández pero creo que al final he conseguido una buena historia y una buena estructura.

Nunca le he puesto nombre a las pocas poesías que he escrito pero esta vez, a ver si me sirve de precedente, le daré un título.

Sueño

A mi lado camina silencioso,
silencio que sus ojos iluminan,
luces que en deseo y ansia culminan,
cúspide donde habita el tiempo ocioso.

Me paro, le pregunto, está nervioso,
tiemblo, los sentimientos me fulminan,
deciden los sueños que no terminan,
mi mano acerco hacia el cielo precioso.

Qué alegría, qué paz, qué placentero
pasear tus cabellos por mis dedos,
flotar, olvidar el espacio nuestro.

Dejo atrás lo eterno y el hecho mero
de ello me hace volver a tus enredos,
excusas que domina todo maestro.

domingo, 28 de octubre de 2012

Una historia, distintos puntos de vista externos


El otro día hablé un poco sobre los narradores internos, pues bien, hoy lo haré sobre los externos. Éstos, a diferencia de los internos, se caracterizan porque utilizan la tercera persona para contar la historia.

El tipo de narrador externo más conocido por todos es el omnisciente, quien actúa a modo de dios puesto que conoce toda la vida de todos los personajes, incluyendo su pasado y su futuro. El narrador cámara, por su parte, se limita a contar lo que sucede en la escena que describe, sin acceder a los pensamientos o sentimientos de los personajes y pudiendo dar únicamente datos ambientales que ayuden a dibujar su narración. En último lugar, también existe la figura del narrador cuasi omnisciente que, como el omnisciente, tiene acceso al mundo interior y exterior pero sólo del personaje protagonista, por tanto esta variante de narrador externo utiliza, al contrario que los otros dos, un punto de vista interno: el de la persona que sigue en todo momento.

Comparando las narraciones desde el punto de vista interno del protagonista y de un testigo, podríamos decir que el narrador cuasi omnisciente es al narrador protagonista y que el narrador cámara es al narrador testigo. Creo que ya no hace falta explicar qué dos tipos de narradores voy a utilizar para estas versiones de la historia vista desde fuera, ¿no?


  • Narrador cuasi omnisciente (punto de vista interno)
    Amanda está sentada en la segunda fila del aula en grada. Ha decidido estar lejos del resto de sus compañeros, quiere de verdad aprovechar las horas de clase y así, de una vez por todas, aprobar el próximo Junio la asignatura, que cursa ya por segunda vez. El profesor escribe en la pizarra mientras detalla cada nueva fórmula que aparece en ella. Es demasiado, le aburre sobremanera el incesante monólogo y hace rato que su mente está fuera de aquellas cuatro paredes. Mientras sigue con la mirada cada movimiento del profesor en la tarima, Amanda lucha consigo misma y se debate entre salir corriendo de allí y disfrutar de la mañana primaveral que vive a escasos veinte metros de ella o quedarse sentada durante la hora y media que le resta, concentrarse en las palabras que oye y tomar notas en los folios que tiene, todavía vacíos.

  • Narrador cámara 
    El aula, con los pupitres dispuestos en forma de grada, está medio vacía. El profesor, de pelo canoso y alborotado, camina sobre una tarima en un continuo vaivén y escribe a lo largo de las dos grandes pizarras que cuelgan de la pared. Al fondo de la clase, varios  alumnos susurran entre sí. Uno de ellos, en la cuarta fila, no participa en la conversación que tienen los chicos sentados a su alrededor. Aprieta los labios y entre sus cejas se dibujan unas arrugas tensas, mientras permanece con los ojos clavados en Amanda, que se sienta en la segunda fila. El muchacho que se sienta a su derecha le da un codazo y, cuando le mira, tira una pequeña bola de papel cuadriculado a la cabeza de una chica rubia que está sentada delante de él. Mientras, Amanda sigue con la mirada al profesor aunque también mira hacia la ventana, donde se puede ver que las ramas de los árboles fuera se empiezan a poblar por la primavera. La joven juega nerviosamente con un bolígrafo en la mano, se revuelve en su silla, suspira y, con la cabeza reposada sobre la otra mano, mira de nuevo al profesor.


martes, 23 de octubre de 2012

Una historia, distintos puntos de vista internos

He decidido poner en práctica la narración de una misma escena realizada por dos tipos de narradores internos: uno protagonista y otro testigo. También hay narradores externos, pero de eso hablaré en otra ocasión, hoy me apetece más centrarme en los internos.

Las narraciones internas se caracterizan por la forma de expresarse y los conocimientos, pasados y presentes, de los personajes, quienes cuentan en primera persona una historia. El primer fragmento que escribo a continuación está relatado en boca del personaje protagonista, mientras que el segundo llega a través de un testigo y, por tanto, nos transmite la información que conoce sobre la otra persona, bien porque está presente cuando sucede la acción o bien porque recibe los datos de otras fuentes: personas, emails,.. 


  • Punto de vista del protagonista
    La verdad es que no me apetece nada estar aquí, esta clase es soporífera. Si por mi fuera recogería ahora mismo, me levantaría y me largaría a la cafetería, o mejor, a la calle. Hace tan bueno... ¡y yo aquí!. Maldita sea, ¡pues no!, tengo que aguantarme, hacer el esfuerzo de intentar entender algo de lo que dice el profesor, si quiero aprobar esta vez, y quedarme con el culo pegado a esta silla de pichiglás, que más bien parece diseñada para torturar, como si no fuera suficiente condena ya aguantar a este tío hablar de electromagnetismo durante dos horas seguidas.


  • Punto de vista del testigo
    Hay un constante murmullo, la gente no presta atención a las explicaciones de campo eléctrico que está dando el profesor, a quien no parece importarle que su voz sea casi inaudible a causa del resto. Amanda hoy se ha sentado sola, dos filas más abajo en la grada de donde estoy yo. Su estuche está abierto y al lado hay unos folios en blanco perfectamente apilados. Con la mano derecha sujeta un bolígrafo azul, que tiene el capuchón puesto, y juega a deslizarlo entre sus dedos. El codo del brazo izquierdo, apoyado en la mesa, forma un ángulo recto con el resto de su cuerpo y sobre la palma de la mano reposa su barbilla. Ayer en la cafetería le escuché prometer a Jacobo que este curso iba a aprobar definitivamente la asignatura. Con el ceño fruncido y revolviéndose en la silla sigue con la mirada al profesor, pero no da la impresión de hacer más que eso. 


lunes, 15 de octubre de 2012

Un poco de intriga

Existen muchos tipos de historias pero todas comparten los mismos elementos, la diferencia entre unas y otras radica, para mí, en la cantidad de estos recursos que se utilicen en unas y en otras. Por ejemplo, somos capaces de etiquetar, sin (casi) pararnos a pensar, una novela como policíaca o como fantástica.

Uno de esos elementos comunes es la intriga, el suspense, esa sensación de incertidumbre ante las líneas que leemos y las que no leemos pero que llegamos a entrever. De todas las historias y textos que he escrito creo que esta es una de las características que más flaquean, así que me he propuesto conseguir escribir algo con intriga. Creo que este podría ser un buen comienzo:
Calma. Eso fue lo que sentí cuando entré por primera vez, hace casi veinte años, en aquella casa. La fachada, con un escudo labrado en piedra en la parte frontal, justo a la derecha de la gran puerta de roble, estaba construida con  bloques de piedra, perfectamente alineados y de un color parduzco. Las ventanas, oscuras como la puerta, se repartían simétricamente en las tres alturas del edificio, equilibrando la entrada, que conducía al interior. El hall, tirando a pequeño, se vestía con una mesa recibidor de mármol blanco con el pie de forja dorado, un paragüero del mismo metal y un espejo vertical al lado de éste, y franqueaba el paso hacia las demás estancias a extraños y vecinos curiosos, que se acercaban hasta allí con pretextos dispares, deseosos de pasar más allá y ser confidentes de los secretos que allí dormían y que tantas veces, desde pequeños, habían escuchado al calor de las noches invernales.

viernes, 5 de octubre de 2012

Música como fuente de inspiración

Los sonidos de los instrumentos, muchas veces situados en un segundo plano, de las canciones son fundamentales en el éxito de las mismas. ¿Quién no ha identificado varias veces una canción escuchando sólo unos pocos segundos de música? Qué sería de las baladas sin piano, del rock sin guitarras, de las canciones tradicionales sin sus panderetas y gaitas... 

Asociamos todas esas creaciones a recuerdos, estados de ánimo y momentos de nuestros días porque nos identificamos con ellas, nos dejamos atravesar por sus notas. Los artistas construyen historias, en forma de letras que riman, arrastrados por las composiciones instrumentales que surgen en sus días de ensayo. Así siempre logran que todo conviva en armonía, no hay película que disienta de su banda sonora.

A partir de una de esas innumerables melodías he creado una nueva décima. Con ella recreo una de las escenas que siempre me vienen a la cabeza cuando escucho ritmos de tambores.

Suena el ritmo acompasado,
que varios tambores cuentan,
bailes que el alma alimentan,
de luz todo es decorado,
un joven enamorado,
sonríe alzando los brazos, 
dibuja con ellos trazos,
fugaces rayos de un faro,
la euforia crece a su amparo,
y estrechan todos sus lazos.


lunes, 1 de octubre de 2012

Escribir

Hace unos años, tal día como hoy, comencé a escribir. Escribía casi a diario, al principio a trompicones, con muchas cosas en la cabeza y pocas en el papel, como la impotencia nerviosa que podemos sentir, en un momento dado, de no poder salir corriendo de la sala de espera de un hospital. Después, a medida que las semanas avanzaban, me resultaba cada vez más cómodo y fácil seguir, con mis dedos sobre las teclas, el ritmo que marcaban aquellos pensamientos que se sucedían uno tras otro, como el girar eterno de un tiovivo.

Los motivos del comienzo se fueron trasformando en argumentos que disfrazaban historias, unas inventadas, otras inspiradas, de todos modos, ficticias todas. Día a día me distanciaba más de aquel comienzo, triste pero tierno, y comenzaba a valorar todos aquellos textos. Ya no eran sólo sentimiento puro y duro, se distinguía también en ellos mejora literaria. El grupo de seguidores que había ido surgiendo sin darme cuenta, apasionados escritores a su vez, fueron para mi la prueba de este hecho.

Ese primer año leí más de lo que había leído nunca y empezó a maravillarme la poesía que eran capaces de escribir algunas personas. De algún modo, rompí definitivamente la barrera imaginaria que yo misma había construido y en la que podía leerse: "imposible". Fue cuestión de minutos tener ante mi un listado de fechas y tipos de concursos a nivel nacional e internacional a los que podría presentarme, y fue cuestión de días pasar a limpio, imprimir y enviar por correo ordinario uno de los últimos relatos que había escrito pensando en el concurso. Aún noto el calor del papel templado entre mis manos.

A esa primera candidatura siguieron otras. Hoy en día algunas de ellas, cuando las vuelvo a leer, no me parecen lo que en su día me parecieron y otras, al contrario, se me antojan tan perfectas como tiempo atrás. Escribir fue algo que siempre supe que debía hacer, que sé que seguiré haciendo y que sé que debo seguir mejorando. Aunque requiera de paciencia y a veces no resulte fácil, de todas las semillas que planté, es una de las que puedo seguir cosechando.

domingo, 13 de mayo de 2012

El tiempo

El tiempo, como los camaleones, tiñe nuestras vidas de diferentes ritmos. A veces pasa rápido, otras lento.

El tiempo es lo que nos une y separa. Nos vuelve a unir. Nos separa para siempre.

A veces hablamos del tiempo "qué tiempo tan bueno hace" o "cuánto tiempo ha pasado desde entonces...". El tiempo tiene infinitos significados. Demasiados.

El tiempo ya está cuando llegamos y permanece tras nuestra marcha. El tiempo se queda siempre, esperando otra escena más, eterno espectador del segundo siguiente, paciente y mudo.

Muchas veces le odiamos. Otras, sin embargo, le queremos.

El tiempo es importante. Creamos refranes, dichos y canciones en su nombre: "al mal tiempo buena cara", "tiempo al tiempo", "hace tiempo que sé que el mundo no es mio".

Nos falta el tiempo y también, como nos sobra, hacemos tiempo.

Buscamos cosas durante mucho tiempo para después perderlas en muy poco tiempo. El tiempo tiene varias escalas de medida. Lo podemos limitar a años o a segundos, a bueno o malo, a importante o irrelevante.

Nos empeñamos en calcular el tiempo, en darle un valor numérico, como si pudiésemos abarcarle con nuestros brazos. Pretendemos convertirnos en sus carceleros y no nos damos cuenta de que es él el que nos tiene atrapados, amarrados con sus cuerdas invisibles.

Le echamos la culpa para esconder nuestra cobardía, le convertimos en la mejor excusa para mentir(nos) porque el tiempo no se puede defender, no habla pero no le hace falta. Pagamos nuestras mentiras con nosotros mismos.

El tiempo nos deja hablar, y hablar y hablar... hasta que nos cansamos y, acercándonos un poco a él, pasamos a escuchar. 

El tiempo nos espera, nos escoge, nos da siempre otra oportunidad. Siempre otra oportunidad.

Otra. Y otra. Y otra...

domingo, 29 de abril de 2012

Un poco de poesía: Décima


Hace tiempo que he decidido meterme a escribir también un poco de poesía. Al decir verdad esta decisión la tomé después de sentirme un poco derrotada al no haber conseguido, en un concurso de microrrelatos reciente, ni siquiera el puesto de finalista. Modestia a parte, pero de verdad creí, y cada vez que lo leo lo sigo creyendo, que era un texto no sólo válido sino también digno de un premio.

Ya sé que para gustos están los colores y que lo que uno valora como bueno y con calidad, o cierta calidad vaya, para otros puede que no pase de ser uno más. Un texto más, un concursante más, otra persona más que quiso probar suerte... Pero qué le voy a hacer, para mi aquel microrrelato, surgido como siempre de la nada y en el momento más inesperado, es especial. ¿Que por qué? Pues por algo que ya he dicho antes: porque a pesar del tiempo, cuando lo vuelvo a leer, me siguen calando cada una de sus palabras. Y para mi esas son las grandes historias, lo brillante de todo esto. No es, ni mucho menos, el primer microrrelato que he escrito ni tan siquiera el primero que haya presentado a un concurso. Sin embargo con otros, al paso del tiempo, no me dicen lo que en su día, cuando los escribí,  pensé que decían. Por tanto en ellos reconozco que algo fallaba, o no que fallara sino que no eran en todo caso para presentar a un concurso, incluso veo cosas que mejorar en ellos...

Como decía, decidí probar a hacer mis pinitos con algo de poesía. Ni que decir tiene que tuve que volverme a documentar un poco sobre estilos, métricas y demás. He probado ya con décimas y algún soneto, aunque las décimas parezcan más sencillas puesto que son estrofas de 10 versos octosílabos con rima abbaaccddc consonante, me he dado cuenta de que cuesta lograr escribir versos de tan sólo ocho sílabas, quizá es que tengo que aprender a sintetizar. De todos modos, he logrado una décima bastante divertida, o eso creo, que comparto aquí:

Una décima es bonita,
aunque a la par complicada,
piensas y no escribes nada;
miras una florecita,
es blanca la margarita,
pétalos finos la adornan,
que al sol en princesa tornan,
y sin saber cómo y cuándo,
fue la décima tomando,
la forma y ritmo que entonan.

lunes, 23 de abril de 2012

Filomeno, a mi pesar

No hace todavía un mes que, una tarde de domingo, terminé de leerme un libro que compré las pasadas navidades en Estvdi% rincón de ofertas que, dicho sea de paso, merece la pena visitar si lo que queremos es hacernos con algún libro, evidentemente no actual ni probablemente best sellers, de stock a un precio más que goloso. En concreto el que compré yo me costó unos 3€, nada mal: ni la historia de suspense-policíaco ni el precio. Al menos eso me parece a mi.

Como decía, terminé de leer aquel libro una tarde de domingo. Todavía era temprano y me encontré de nuevo husmeando entre algunas de las baldas de libros, leídos y no, que hay por casa. Normalmente saco un libro, como he hecho ya tantas veces, leo la información acerca de la historia que trata en la contracubierta y lo vuelvo a guardar. Así uno por uno, incluso repito con alguno, hasta que me decido o no. Si no me decido por ninguno suelo volver a repasar los títulos de los libros que ya he leído, selecciono uno y el primer día de la semana que pueda saco un rato para acercarme a la biblioteca o a alguna librería, de donde es raro que salga con las manos vacías.

Pero aquella tarde escogí uno, leí las dos primeras páginas y no me importó seguir leyendo unas cuantas más. "Filomeno, a mi pesar"  es una de las obras de Gonzalo Torrente Ballester (1910-1939). Filomeno busca, durante toda su vida relatada, su propio destino. Incierto y cambiante, Filomeno se deja llevar por las situaciones que acuden a su vida. Siendo bachiller comienza a manifestar su talento poético que le acompañará siempre, aunque viva tiempos en los que se confiesa a sí mismo vacío y extraño de sus viejas palabras. Su gran salto comienza la primera vez que se desplaza a Londres, que marcará y afinará aún más su personalidad de poeta y que sin duda le deja huellas imborrables. Después pasa una larga temporada en París, donde trabaja como reportero para un periódico portugués. 

A medida que avanzan las páginas se mezclan más los acontecimientos históricos y con la guerra civil española Filomeno, que durante varios años ha residido en el extranjero, se encuentra en el punto de mira por considerarse prófugo. Esta situación, sumada a la personalidad y madurez que ha ido adquiriendo con los años hace que se vea envuelto en situaciones complicadas de las que logra salir siempre gracias a su brillante dialéctica y su carácter de elegante caballero.

En conjunto puedo decir que este libro, Premio Planeta en 1988, me ha gustado. No así tanto el último capítulo que se convierte prácticamente en un punto y a parte de los anteriores, aunque reconozco que esta sensación puede deberse al, para mi gusto, exceso de vertiente histórica en esta parte final de la historia. Entiendo que el relato sea así y que de otra manera no se podría entender el personaje de Filomeno tal y como su autor lo concibe pero no puedo negar que esta parte se me haya hecho un poco espesa. Sin duda, es un libro que merece su lectura porque no defrauda y en él hay muchas partes, reflexiones del propio personaje, que podemos trasladar y seguir usando hoy en día. 

lunes, 5 de marzo de 2012

Charles Chaplin

Todo empezó hace ya, más o menos, una década. No recuerdo qué día de la semana era, solamente que fue una noche cualquiera frente al televisor. En uno de los zapping nos llamó la atención que se emitiera una película en blanco y negro y, supongo que por la curiosidad, decidimos ver un poco más.

Un joven con un minúsculo bigote, tan oscuro como sus ojos maquillados, aparecía recorriendo las escenas con cómicos movimientos, tropezándose con sus propias ropas y comunicándose sin mediar palabra alguna. Sí, así era, estábamos ante una película muda del genial y famoso Charles Chaplin.

Charles Spencer Chaplin, británico nacido en la primavera de 1889, falleció a los 88 años en Suiza. Chaplin construyó toda su vida alrededor del cine, mayormente en el género mudo. No voy a contar aquí su biografía porque se puede encontrar en cualquier lado, y además con todo lujo de detalles.

Una escena de 'El Chico'
El Chico es una de sus obras más famosas. En ella Chaplin se hace cargo de un niño abandonado que cuida y quiere durante 5 años, como si de su propio hijo se tratara. La complicidad de la pareja padre-hijo  se siente en cada escena, inclusive el desenlace que, como no, es feliz. 

De sus películas es difícil decantarse por una sola, las que explotan el lado más conmovedor del pobre Charlot son, además de la que ya he comentado, Luces de la ciudad en la que el vagabundo se enamora de una muchacha ciega que vende flores y consigue el dinero necesario para que un famoso médico la opere y recupere la visión. El vagabundo (o Charlot, músico ambulante) es un cortometraje en el que, de nuevo, Charlot actúa como protector de una hermosa joven, esta vez una chica raptada durante su infancia por unos gitanos que la maltratan, que encuentra mientra deambula tocando su violín.

Entre sus momentos más cómicos merece la pena destacar todo el cortometraje completo de La pista de hielo, así como las actuaciones que realiza en El circo, que le permitió ganar a Chaplin un Óscar en 1928.

Lo que más me impresiona de Chaplin, como ya comenté hace algún tiempo, es esa habilidad y ese talento de comunicarse con el espectador sin más recursos que la expresión corporal. En mi opinión, esa es la auténtica esencia del cine, no solo del mudo: el arte de vivir y hacer vivir a los demás cada escena interpretada con  esa aparente facilidad, como si ser esa otra persona o como si transmitir esos sentimientos ajenos fuera algo propio. El sentido de la común frase "meterse en el papel", de lo que significa la empatía, adquiere su significado, más que nunca, gracias a estrellas como Chaplin.