martes, 30 de octubre de 2012

Un soneto

Estaba antes viendo las últimas noticias de las páginas que sigo en Facebook y vi que los últimos estados que había compartido la Biblioteca Central de Cantabria eran varios sonetos de Miguel Hernández. Me parecieron tan bonitas que rápidamente me animé a escribir yo otro soneto. Quizá no llegue a la altura de los de Hernández pero creo que al final he conseguido una buena historia y una buena estructura.

Nunca le he puesto nombre a las pocas poesías que he escrito pero esta vez, a ver si me sirve de precedente, le daré un título.

Sueño

A mi lado camina silencioso,
silencio que sus ojos iluminan,
luces que en deseo y ansia culminan,
cúspide donde habita el tiempo ocioso.

Me paro, le pregunto, está nervioso,
tiemblo, los sentimientos me fulminan,
deciden los sueños que no terminan,
mi mano acerco hacia el cielo precioso.

Qué alegría, qué paz, qué placentero
pasear tus cabellos por mis dedos,
flotar, olvidar el espacio nuestro.

Dejo atrás lo eterno y el hecho mero
de ello me hace volver a tus enredos,
excusas que domina todo maestro.

domingo, 28 de octubre de 2012

Una historia, distintos puntos de vista externos


El otro día hablé un poco sobre los narradores internos, pues bien, hoy lo haré sobre los externos. Éstos, a diferencia de los internos, se caracterizan porque utilizan la tercera persona para contar la historia.

El tipo de narrador externo más conocido por todos es el omnisciente, quien actúa a modo de dios puesto que conoce toda la vida de todos los personajes, incluyendo su pasado y su futuro. El narrador cámara, por su parte, se limita a contar lo que sucede en la escena que describe, sin acceder a los pensamientos o sentimientos de los personajes y pudiendo dar únicamente datos ambientales que ayuden a dibujar su narración. En último lugar, también existe la figura del narrador cuasi omnisciente que, como el omnisciente, tiene acceso al mundo interior y exterior pero sólo del personaje protagonista, por tanto esta variante de narrador externo utiliza, al contrario que los otros dos, un punto de vista interno: el de la persona que sigue en todo momento.

Comparando las narraciones desde el punto de vista interno del protagonista y de un testigo, podríamos decir que el narrador cuasi omnisciente es al narrador protagonista y que el narrador cámara es al narrador testigo. Creo que ya no hace falta explicar qué dos tipos de narradores voy a utilizar para estas versiones de la historia vista desde fuera, ¿no?


  • Narrador cuasi omnisciente (punto de vista interno)
    Amanda está sentada en la segunda fila del aula en grada. Ha decidido estar lejos del resto de sus compañeros, quiere de verdad aprovechar las horas de clase y así, de una vez por todas, aprobar el próximo Junio la asignatura, que cursa ya por segunda vez. El profesor escribe en la pizarra mientras detalla cada nueva fórmula que aparece en ella. Es demasiado, le aburre sobremanera el incesante monólogo y hace rato que su mente está fuera de aquellas cuatro paredes. Mientras sigue con la mirada cada movimiento del profesor en la tarima, Amanda lucha consigo misma y se debate entre salir corriendo de allí y disfrutar de la mañana primaveral que vive a escasos veinte metros de ella o quedarse sentada durante la hora y media que le resta, concentrarse en las palabras que oye y tomar notas en los folios que tiene, todavía vacíos.

  • Narrador cámara 
    El aula, con los pupitres dispuestos en forma de grada, está medio vacía. El profesor, de pelo canoso y alborotado, camina sobre una tarima en un continuo vaivén y escribe a lo largo de las dos grandes pizarras que cuelgan de la pared. Al fondo de la clase, varios  alumnos susurran entre sí. Uno de ellos, en la cuarta fila, no participa en la conversación que tienen los chicos sentados a su alrededor. Aprieta los labios y entre sus cejas se dibujan unas arrugas tensas, mientras permanece con los ojos clavados en Amanda, que se sienta en la segunda fila. El muchacho que se sienta a su derecha le da un codazo y, cuando le mira, tira una pequeña bola de papel cuadriculado a la cabeza de una chica rubia que está sentada delante de él. Mientras, Amanda sigue con la mirada al profesor aunque también mira hacia la ventana, donde se puede ver que las ramas de los árboles fuera se empiezan a poblar por la primavera. La joven juega nerviosamente con un bolígrafo en la mano, se revuelve en su silla, suspira y, con la cabeza reposada sobre la otra mano, mira de nuevo al profesor.


martes, 23 de octubre de 2012

Una historia, distintos puntos de vista internos

He decidido poner en práctica la narración de una misma escena realizada por dos tipos de narradores internos: uno protagonista y otro testigo. También hay narradores externos, pero de eso hablaré en otra ocasión, hoy me apetece más centrarme en los internos.

Las narraciones internas se caracterizan por la forma de expresarse y los conocimientos, pasados y presentes, de los personajes, quienes cuentan en primera persona una historia. El primer fragmento que escribo a continuación está relatado en boca del personaje protagonista, mientras que el segundo llega a través de un testigo y, por tanto, nos transmite la información que conoce sobre la otra persona, bien porque está presente cuando sucede la acción o bien porque recibe los datos de otras fuentes: personas, emails,.. 


  • Punto de vista del protagonista
    La verdad es que no me apetece nada estar aquí, esta clase es soporífera. Si por mi fuera recogería ahora mismo, me levantaría y me largaría a la cafetería, o mejor, a la calle. Hace tan bueno... ¡y yo aquí!. Maldita sea, ¡pues no!, tengo que aguantarme, hacer el esfuerzo de intentar entender algo de lo que dice el profesor, si quiero aprobar esta vez, y quedarme con el culo pegado a esta silla de pichiglás, que más bien parece diseñada para torturar, como si no fuera suficiente condena ya aguantar a este tío hablar de electromagnetismo durante dos horas seguidas.


  • Punto de vista del testigo
    Hay un constante murmullo, la gente no presta atención a las explicaciones de campo eléctrico que está dando el profesor, a quien no parece importarle que su voz sea casi inaudible a causa del resto. Amanda hoy se ha sentado sola, dos filas más abajo en la grada de donde estoy yo. Su estuche está abierto y al lado hay unos folios en blanco perfectamente apilados. Con la mano derecha sujeta un bolígrafo azul, que tiene el capuchón puesto, y juega a deslizarlo entre sus dedos. El codo del brazo izquierdo, apoyado en la mesa, forma un ángulo recto con el resto de su cuerpo y sobre la palma de la mano reposa su barbilla. Ayer en la cafetería le escuché prometer a Jacobo que este curso iba a aprobar definitivamente la asignatura. Con el ceño fruncido y revolviéndose en la silla sigue con la mirada al profesor, pero no da la impresión de hacer más que eso. 


lunes, 15 de octubre de 2012

Un poco de intriga

Existen muchos tipos de historias pero todas comparten los mismos elementos, la diferencia entre unas y otras radica, para mí, en la cantidad de estos recursos que se utilicen en unas y en otras. Por ejemplo, somos capaces de etiquetar, sin (casi) pararnos a pensar, una novela como policíaca o como fantástica.

Uno de esos elementos comunes es la intriga, el suspense, esa sensación de incertidumbre ante las líneas que leemos y las que no leemos pero que llegamos a entrever. De todas las historias y textos que he escrito creo que esta es una de las características que más flaquean, así que me he propuesto conseguir escribir algo con intriga. Creo que este podría ser un buen comienzo:
Calma. Eso fue lo que sentí cuando entré por primera vez, hace casi veinte años, en aquella casa. La fachada, con un escudo labrado en piedra en la parte frontal, justo a la derecha de la gran puerta de roble, estaba construida con  bloques de piedra, perfectamente alineados y de un color parduzco. Las ventanas, oscuras como la puerta, se repartían simétricamente en las tres alturas del edificio, equilibrando la entrada, que conducía al interior. El hall, tirando a pequeño, se vestía con una mesa recibidor de mármol blanco con el pie de forja dorado, un paragüero del mismo metal y un espejo vertical al lado de éste, y franqueaba el paso hacia las demás estancias a extraños y vecinos curiosos, que se acercaban hasta allí con pretextos dispares, deseosos de pasar más allá y ser confidentes de los secretos que allí dormían y que tantas veces, desde pequeños, habían escuchado al calor de las noches invernales.

viernes, 5 de octubre de 2012

Música como fuente de inspiración

Los sonidos de los instrumentos, muchas veces situados en un segundo plano, de las canciones son fundamentales en el éxito de las mismas. ¿Quién no ha identificado varias veces una canción escuchando sólo unos pocos segundos de música? Qué sería de las baladas sin piano, del rock sin guitarras, de las canciones tradicionales sin sus panderetas y gaitas... 

Asociamos todas esas creaciones a recuerdos, estados de ánimo y momentos de nuestros días porque nos identificamos con ellas, nos dejamos atravesar por sus notas. Los artistas construyen historias, en forma de letras que riman, arrastrados por las composiciones instrumentales que surgen en sus días de ensayo. Así siempre logran que todo conviva en armonía, no hay película que disienta de su banda sonora.

A partir de una de esas innumerables melodías he creado una nueva décima. Con ella recreo una de las escenas que siempre me vienen a la cabeza cuando escucho ritmos de tambores.

Suena el ritmo acompasado,
que varios tambores cuentan,
bailes que el alma alimentan,
de luz todo es decorado,
un joven enamorado,
sonríe alzando los brazos, 
dibuja con ellos trazos,
fugaces rayos de un faro,
la euforia crece a su amparo,
y estrechan todos sus lazos.


lunes, 1 de octubre de 2012

Escribir

Hace unos años, tal día como hoy, comencé a escribir. Escribía casi a diario, al principio a trompicones, con muchas cosas en la cabeza y pocas en el papel, como la impotencia nerviosa que podemos sentir, en un momento dado, de no poder salir corriendo de la sala de espera de un hospital. Después, a medida que las semanas avanzaban, me resultaba cada vez más cómodo y fácil seguir, con mis dedos sobre las teclas, el ritmo que marcaban aquellos pensamientos que se sucedían uno tras otro, como el girar eterno de un tiovivo.

Los motivos del comienzo se fueron trasformando en argumentos que disfrazaban historias, unas inventadas, otras inspiradas, de todos modos, ficticias todas. Día a día me distanciaba más de aquel comienzo, triste pero tierno, y comenzaba a valorar todos aquellos textos. Ya no eran sólo sentimiento puro y duro, se distinguía también en ellos mejora literaria. El grupo de seguidores que había ido surgiendo sin darme cuenta, apasionados escritores a su vez, fueron para mi la prueba de este hecho.

Ese primer año leí más de lo que había leído nunca y empezó a maravillarme la poesía que eran capaces de escribir algunas personas. De algún modo, rompí definitivamente la barrera imaginaria que yo misma había construido y en la que podía leerse: "imposible". Fue cuestión de minutos tener ante mi un listado de fechas y tipos de concursos a nivel nacional e internacional a los que podría presentarme, y fue cuestión de días pasar a limpio, imprimir y enviar por correo ordinario uno de los últimos relatos que había escrito pensando en el concurso. Aún noto el calor del papel templado entre mis manos.

A esa primera candidatura siguieron otras. Hoy en día algunas de ellas, cuando las vuelvo a leer, no me parecen lo que en su día me parecieron y otras, al contrario, se me antojan tan perfectas como tiempo atrás. Escribir fue algo que siempre supe que debía hacer, que sé que seguiré haciendo y que sé que debo seguir mejorando. Aunque requiera de paciencia y a veces no resulte fácil, de todas las semillas que planté, es una de las que puedo seguir cosechando.