domingo, 29 de abril de 2012

Un poco de poesía: Décima


Hace tiempo que he decidido meterme a escribir también un poco de poesía. Al decir verdad esta decisión la tomé después de sentirme un poco derrotada al no haber conseguido, en un concurso de microrrelatos reciente, ni siquiera el puesto de finalista. Modestia a parte, pero de verdad creí, y cada vez que lo leo lo sigo creyendo, que era un texto no sólo válido sino también digno de un premio.

Ya sé que para gustos están los colores y que lo que uno valora como bueno y con calidad, o cierta calidad vaya, para otros puede que no pase de ser uno más. Un texto más, un concursante más, otra persona más que quiso probar suerte... Pero qué le voy a hacer, para mi aquel microrrelato, surgido como siempre de la nada y en el momento más inesperado, es especial. ¿Que por qué? Pues por algo que ya he dicho antes: porque a pesar del tiempo, cuando lo vuelvo a leer, me siguen calando cada una de sus palabras. Y para mi esas son las grandes historias, lo brillante de todo esto. No es, ni mucho menos, el primer microrrelato que he escrito ni tan siquiera el primero que haya presentado a un concurso. Sin embargo con otros, al paso del tiempo, no me dicen lo que en su día, cuando los escribí,  pensé que decían. Por tanto en ellos reconozco que algo fallaba, o no que fallara sino que no eran en todo caso para presentar a un concurso, incluso veo cosas que mejorar en ellos...

Como decía, decidí probar a hacer mis pinitos con algo de poesía. Ni que decir tiene que tuve que volverme a documentar un poco sobre estilos, métricas y demás. He probado ya con décimas y algún soneto, aunque las décimas parezcan más sencillas puesto que son estrofas de 10 versos octosílabos con rima abbaaccddc consonante, me he dado cuenta de que cuesta lograr escribir versos de tan sólo ocho sílabas, quizá es que tengo que aprender a sintetizar. De todos modos, he logrado una décima bastante divertida, o eso creo, que comparto aquí:

Una décima es bonita,
aunque a la par complicada,
piensas y no escribes nada;
miras una florecita,
es blanca la margarita,
pétalos finos la adornan,
que al sol en princesa tornan,
y sin saber cómo y cuándo,
fue la décima tomando,
la forma y ritmo que entonan.

lunes, 23 de abril de 2012

Filomeno, a mi pesar

No hace todavía un mes que, una tarde de domingo, terminé de leerme un libro que compré las pasadas navidades en Estvdi% rincón de ofertas que, dicho sea de paso, merece la pena visitar si lo que queremos es hacernos con algún libro, evidentemente no actual ni probablemente best sellers, de stock a un precio más que goloso. En concreto el que compré yo me costó unos 3€, nada mal: ni la historia de suspense-policíaco ni el precio. Al menos eso me parece a mi.

Como decía, terminé de leer aquel libro una tarde de domingo. Todavía era temprano y me encontré de nuevo husmeando entre algunas de las baldas de libros, leídos y no, que hay por casa. Normalmente saco un libro, como he hecho ya tantas veces, leo la información acerca de la historia que trata en la contracubierta y lo vuelvo a guardar. Así uno por uno, incluso repito con alguno, hasta que me decido o no. Si no me decido por ninguno suelo volver a repasar los títulos de los libros que ya he leído, selecciono uno y el primer día de la semana que pueda saco un rato para acercarme a la biblioteca o a alguna librería, de donde es raro que salga con las manos vacías.

Pero aquella tarde escogí uno, leí las dos primeras páginas y no me importó seguir leyendo unas cuantas más. "Filomeno, a mi pesar"  es una de las obras de Gonzalo Torrente Ballester (1910-1939). Filomeno busca, durante toda su vida relatada, su propio destino. Incierto y cambiante, Filomeno se deja llevar por las situaciones que acuden a su vida. Siendo bachiller comienza a manifestar su talento poético que le acompañará siempre, aunque viva tiempos en los que se confiesa a sí mismo vacío y extraño de sus viejas palabras. Su gran salto comienza la primera vez que se desplaza a Londres, que marcará y afinará aún más su personalidad de poeta y que sin duda le deja huellas imborrables. Después pasa una larga temporada en París, donde trabaja como reportero para un periódico portugués. 

A medida que avanzan las páginas se mezclan más los acontecimientos históricos y con la guerra civil española Filomeno, que durante varios años ha residido en el extranjero, se encuentra en el punto de mira por considerarse prófugo. Esta situación, sumada a la personalidad y madurez que ha ido adquiriendo con los años hace que se vea envuelto en situaciones complicadas de las que logra salir siempre gracias a su brillante dialéctica y su carácter de elegante caballero.

En conjunto puedo decir que este libro, Premio Planeta en 1988, me ha gustado. No así tanto el último capítulo que se convierte prácticamente en un punto y a parte de los anteriores, aunque reconozco que esta sensación puede deberse al, para mi gusto, exceso de vertiente histórica en esta parte final de la historia. Entiendo que el relato sea así y que de otra manera no se podría entender el personaje de Filomeno tal y como su autor lo concibe pero no puedo negar que esta parte se me haya hecho un poco espesa. Sin duda, es un libro que merece su lectura porque no defrauda y en él hay muchas partes, reflexiones del propio personaje, que podemos trasladar y seguir usando hoy en día.