jueves, 29 de noviembre de 2012

Diamantes en bruto

Creo que todo el mundo tiene un talento especial para algo. 

Las veces que he sacado este tema de conversación, el del diamante en bruto que somos cada uno de nosotros, pocas veces, por no decir ninguna, alguien está de acuerdo con mi afirmación. Soy de esas personas; llámense chifladas, ingenuas, románticas o "x", de las que se resignan a pensar que el ser humano no tiene más finalidad ni más propósito que la del ciclo de la vida: nacer, crecer, reproducirse y morir. 

La segunda acepción de la RAE, si buscamos la palabra "talento", es la de sinónimo de aptitud:  capacidad para el desempeño o ejercicio de una ocupación. Yo añadiría a esta definición " y que constituye para un individuo, de agrado a él, su seña de identidad" ¿o acaso cuando pensamos en una persona que conocemos, en mayor o menos profundidad, no somos capaces de recordar nada que le caracterice? Algunos amigos nos parecen extraordinariamente positivos, otros nos confortan con su empatía y cuando se rompe la aspiradora siempre recurrimos a nuestro tío "el manitas". 

El problema de no sentirnos diamantes puede ser, tal vez, que no somos capaces de ver que sí lo somos. A pesar de nuestra rutina frenética, ser capaz de encontrar tiempo para disfrutar con nosotros mismos es vital. En mi opinión, sólo así podemos desarrollar nuestro talento; porque todo talento es constructivo y para construir algo una de las cosas que hacen falta, además de las ganas, es el tiempo. 

Si somos conscientes de ello, si nos convertimos en nuestro admirador número uno, podremos pulir nuestro diamante; hacerlo crecer y darle alas, permitir que se reproduzca para que, tanto para nosotros como para los que están a nuestro alrededor, no sólo sepamos quiénes somos sino también lo mostremos y lo compartamos sin miedo.

De este modo, con nuestro último aliento, pienso yo, podremos dejar que se nuble nuestra vista para siempre: sabiendo que lo mejor no fue tener la oportunidad de conocernos, sino el valor de haberlo hecho y el valor que encontramos en ello. 

domingo, 18 de noviembre de 2012

Galletas

Por lo que he podido leer en internet acerca de la historia de las galletas, el origen de éstas se remonta al siglo VII A.C y se centra en Persia, que encabezaba el cultivo de azúcar. Buscando por el significado de galleta en la RAE, la primera definición dice que proviene del francés y, entre sus muchas acepciones, podemos ver que varias de ellas son referidas al dulce: pasta de harina, azúcar y otros ingredientes que se cuece en el horno.

De entre todas las galletas quizás la más conocida, al menos en España, sean las galletas María que reciben su nombre en honor a la duquesa María de Rusia, que contrajo matrimonio con el duque de Edimburgo en el siglo XIX.

Hoy en día tenemos a nuestro alcance una amplia variedad de galletas que podemos encontrar en cualquier supermercado y, para los que somos un poco curiosos, navegando por la red; en este caso es porque ¡nos interesa de ellas algo más que comerlas!

Ayer, viendo que en casa teníamos bastantes provisiones de naranjas, me dije que tal vez podía aprovechar y utilizarlas para hacer alguna receta un poco más elaborada que el simple hecho de pelarlas y comerlas...así que busqué recetas de galletas que tuvieran la naranja como alguno de sus ingredientes y me decanté por hacer dos tipos de galletas: galletas de avena, naranja y chocolate, y galletas holandesas de naranja. Bueno, las he hecho con ligeras modificaciones, a las primeras no les añadí las pepitas de chocolate y no he usado azúcar integral; en las segundas, la mantequilla la sustituí por margarina. Foto de rigor.

galletas de avena y naranja y holandesas
Galletas de avena y naranja y galletas holandesas

Sobra decir que están...¡de vicio!

domingo, 11 de noviembre de 2012

Practicando con un monólogo

Hace años leí Eclipse Total, de Stephen King. En el enlace al libro podéis ver el argumento de la historia así que no voy a repetirlo aquí. Siguiendo con la lectura de los fascículos que estoy cogiendo he visto los distintos tipos de voces orales y escritas que pueden utilizarse. Entre las orales encontramos los diálogos y los soliloquios, entre las escritas, los diarios y las memorias. 

El soliloquio es un diálogo del personaje que habla consigo mismo, sin nadie que pueda responderlo y, aunque Eclipse Total no sea un soliloquio sino un monólogo, como me gustó cómo estaba escrito el libro y por el parecido que le encuentro con los soliloquios, me he animado a hacer mi propio monólogo en voz de un personaje protagonista ante una típica escena de despedida. Algo muy breve para no excederme.


Te preguntarás por qué te he traído aquí ¿no? ¿tienes frío?, toma, ponte mi chaqueta. Sí que hace un poco de “risqui”, sí, brrrrrrr, ¡no! Quédate la chaqueta, te morirías de frío si estuvieses aquí escuchándome sólo con ese vestidito que te has puesto hoy. Vale, por dónde iba…¡ah, sí! Por qué estamos ahora aquí, bajo este cielo raso de primavera cubierto de estrellas. ¡Mira, esa es la osa mayor! ¿la ves? No, sé lo que estás pensando, no soy ningún entendido en astronomía pero de pequeño solía ir hasta la playa con mi abuelo, él sí que sabía...fue un gran tipo, en serio, te caería bien. 

Vaya, qué suerte… pongámonos debajo de la cornisa. Mejor, ¿no? Si no deja de llover diremos que ha sido una ¡agua-fiesta! Agua-fiesta, ¿lo pillas no? Vale sí, ha sido un chiste malo… ya sé que soy un poco “memo”, como tú dices. Ya, ya sé que es broma…Empiezo a aburrirte. No hace falta que lo niegues, terminaré rápido. 

Te estaba diciendo qué hacemos aquí congelándonos. No es fácil decirlo, creo que todavía no lo tengo asumido ni yo, ¿sabes? Estoy un poco nervioso. Y asustado. No disimulo muy bien moviéndome todo el rato de derecha a izquierda ¿eh? Intentaré recordar la próxima vez que debo estarme quieto. 

Cuando termine el curso me iré fuera, a Noruega. No te lo esperabas, ya lo sé. Ha sido todo tan de repente… eh, venga no estés triste. Ven, anda, que no. No pasa nada si “por un casual“ me ensuciaras la camisa de rimmel, no te preocupes. Esto es una despedida sí. Eh...pero que volveremos a vernos, no ves que Noruega está a...a… “ná” ¡aquí al lado! ¿Ves?, cuando te ríes estás más guapa. Cómo eres, ¿eh? Encima que te hago reír me dices que soy un payaso, ay… yo también te echaré de menos. 

¿Ya estás mejor? Así me gusta, esta es mi chica. Claro, te escribiré de vez en cuando. Yo también te deseo mucha suerte, bueno pues… ah, vale sí, la chaqueta, claro…mi madre se pondría echa una furia si la dijera que no la tengo… ya nos veremos, ¿vale? Algún día, prometido.